sábado, 27 de agosto de 2011
Benalmádena
He pasado la tarde-noche con mi padre en un zoco árabe, mirando vistas increíbles, viendo puestos, comprándome ropa, cenando en un sitio precioso y viendo a un malabarista. Fue ahí donde me di cuenta de lo mucho que me había reído. Y aquí viene la respuesta, he doblado la dosis del antidepresivo, y cuando consigo que todos los malos pensamientos me deje en paz un rato, y sólo actúa la química, parezco feliz. Y me alegro, porque quiero que mi padre piense que lo soy y que no estoy preocupada. Que no pienso en ella en cada vestido o pulsera que veo, en las ganas de parecerme a ella junto a ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario